Por Vicente Adum Gilbert
“Más vale burro negando que Aristóteles probando”, reza el popular refrán que se aplica a toda situación en la que el sesgo cognitivo o de confirmación impide a las personas aceptar el peso de la evidencia y mantener con terquedad una postura errada, solo por apego emocional o costumbre. Todos los investigadores, sin importar el campo, podemos caer en mayor o menor medida en este vicio del método científico, a pesar de que éste coloque a la objetividad como valor máximo. A fin de cuentas, errar es de humanos.
No todo lo que está escrito, por el simple hecho de estarlo, es verdadero o correcto. Es por ello que quienes se dedican a la investigación histórica necesitan contrastar la información que va saliendo a la luz con la documentación que ha estado disponible durante mucho tiempo, pero, sobre todo, filtrarla a través del sentido común, del criterio y de otras herramientas que siempre están al alcance de aquellos acuciosos que persiguen la precisión en la descripción de los hechos. Julio Estrada Ycaza, historiador guayaquileño de referencia, solía decir que parte de la labor de quien escribe sobre hechos históricos es rellenar criteriosamente los espacios que la información disponible deja en blanco. Comparto plenamente esta apreciación, pero puntualizo que aquel indispensable criterio no se improvisa, se obtiene por maceración lenta durante la dedicación al estudio, la observación y el método.
Los historiadores somos responsables ante las generaciones presentes y futuras sobre lo que escribimos y publicamos, así sea en plataformas informales como Facebook, Instagram o grupos de WhatsApp. En una realidad en la que poco a poco se va degradando el soporte en el que está plasmada la información histórica primaria de Guayaquil —básicamente papel y celulosa— y ante un futuro cercano en el que la inteligencia artificial será la que termine procesando la porción de dicha información que se alcance a rescatar y digitalizar, es fundamental que lo que los historiadores, profesionales o aficionados —como yo—, colguemos en la web sea veraz y preciso. Lo que escribimos será la data que en el futuro constituirá fuentes secundarias y, tal vez, lo único disponible para que historiadores de siglos venideros puedan tomar como referencia para sus investigaciones. Por esto, me preocupan aquellos casos en los que la comunidad de historiadores aficionados está alimentando incorrectamente al algoritmo con casos evidentes de sesgo de confirmación, como el que me ha motivado a escribir este breve artículo.
Hace varios años, un amigo coleccionista adquirió un lote de tarjetas con fotografías estereoscópicas de Sudamérica de inicios del siglo XX. Entre ellas, había varias de Guayaquil, y una en particular llamó mi atención: en esta, la magnífica composición en perspectiva mostraba a una niña asomada en un balcón sobre una calle estrecha que conducía hacia una iglesia espigada [1]. El rótulo de la tarjeta, publicada por Keystone View Company, afirmaba que la misma correspondía a Guayaquil (ver figura 1), sin precisar fecha alguna. De la misma manera, el reverso de la tarjeta estereoscópica incluía un breve texto descriptivo sobre Ecuador, Guayaquil y la escena mostrada. Después de inspeccionar detenidamente la imagen y de compararla con mi archivo de fotografías antiguas Guayaquil, tenía suficiente evidencia para confirmar lo que la arquitectura en la imagen evidenciaba a gritos: la foto no había sido tomada en Guayaquil y el pie de foto estaba equivocado. Se trataba, evidentemente, de un error de la compañía editora. “¡Qué lástima!”, pensé en aquel momento, “Hubiera sido un hallazgo extraordinario para publicar”.
A mediados de 2024, la misma imagen apareció publicada en uno de los múltiples grupos de Facebook dedicados a la difusión de temas guayaquileños. El texto de esa publicación afirmaba que la fotografía mostraba una vista de la calle Pedro Carbo de sur a norte y que la iglesia que aparece en la misma era la antigua basílica menor de la Merced en 1901 [2]. A pesar de la notable similitud con determinadas fotografías auténticas de la calle Pedro Carbo (ver figura 2), no existía coincidencia real. Por otro lado, resultaba evidente que el autor del post no había considerado que las fachadas que ha tenido la Merced a lo largo de su historia están perfectamente identificadas y documentadas desde mediados del siglo XIX [3] (ver figuras 3, 4 y 5), y que ninguna de estas fachadas coincide con la de la foto de la niña (tampoco concuerda con ninguna iglesia que haya existido en Guayaquil [3]). Esto, al margen de que la presencia de balcones de hierro forjado, la angostura de la calle y la ausencia de portales en las casas —característica fundamental de la arquitectura de inicios del siglo XX de nuestra ciudad— revelan que la imagen no corresponde a Guayaquil. El único argumento en el que se apoyaba el autor de aquella publicación era lo indicado (erróneamente) en el pie de foto de la tarjeta estereoscópica.
Pensé que el asunto había terminado ahí, que por los comentarios aclaratorios de terceros estaría claro para la mayoría que la imagen no correspondía a Guayaquil, pero el problema sobrevivió y reapareció poco después, a finales del 2025, en el mismo grupo de Facebook. En esta ocasión, el nuevo autor daba a entender con un escueto texto que la foto había sido tomada en Guayaquil en 1925 [4]. Múltiples comentarios señalaron respetuosamente que aquella imagen no correspondía a Guayaquil, entre ellos el mío. No obstante, el autor nunca corrigió el pie de foto ni retiró la publicación. Entiendo que cada quien puede hacer lo que quiera con sus posts de Facebook, pero resulta evidente que uno de los problemas de no enmendar estos errores se traslada irremediablemente a los lectores y genera confusión: entre los comentarios hubo también quienes escribieron cosas como “Qué linda mi ciudad” o “Una belleza extraordinaria la Perla del Pacífico hace 100 años”. Y, si no se enmienda, este error quedará ahí, para siempre… y como referencia para la inteligencia artificial.
Si bien estaba comprobado que la fotografía de la niña no fue tomada en Guayaquil, subsistía la incertidumbre sobre el verdadero origen de la misma. Aunque la impresionante similitud con imágenes actuales de la turística calle de la iglesia de Cartagena (Colombia) me llevó a pensar por un tiempo que el origen de la tarjeta estereoscópica correspondía a dicha ciudad, la divergencia en la arquitectura del templo —tanto en el presente, como en el pasado— me llevaba de regreso a una conclusión incierta. Con un tanto suerte, la respuesta llegó durante la etapa de revisión de este artículo, paradójicamente durante una conversación informal en WhatsApp con mi amigo Édgar Landívar: la iglesia que aparece en la fotografía estereoscópica de la niña coincide perfectamente con la catedral de Saint Louis de Fort-de-France (ver figura 6) en Martinica, departamento de ultramar de Francia en las islas Antillas del mar Caribe. Queda demostrado, entonces, que Keystone View Company cometió un error al rotular la tarjeta estereoscópica #21872, que la imagen fue tomada en Martinica y, sobre todo, que no es Guayaquil.






Referencias
[1] 21872 – Charming Spanish Maiden in Balcony, Guayaquil. Ecuador. So. Am./. [Art]. Keystone View Company.
[2] J. Jiménez, «Friends Who Like Ciudad de Guayaquil,» 1 julio 2024. [En línea]. Available: https://www.facebook.com/photo/?fbid=10160222236601687&set=gm.2061671584255773&idorvanity=180154509074166. [Último acceso: 14 junio 2026].
[3] J. Estrada Ycaza, Guía Histórica de Guayaquil, Tomo 5, H-I, Incluye Hospitales e Iglesias, Guayaquil: Cecilia Estrada Solá y Antonieta Palacios Jara, 2008, pp. 278-287.
[4] J. Estrella, «Friends Who Like Ciudad de Guayaquil,» 13 diciembre 2025. [En línea]. Available: https://www.facebook.com/photo/?fbid=25269718366014175&set=a.236952126384145. [Último acceso: 6 junio 2026].
Vicente, te felicito por el tiempo y la dedicación que le has puesto a esta investigación. Se nota el trabajo de revisar fuentes, comparar imágenes y no conformarte con lo que decía el pie de foto , después de todo la foto de Keystone View Company presenta una iglesia con torre central única, un gran rosetón circular, ventanas laterales y el remate de la aguja, son similares a la La Catedral de Saint Louis de Fort-de-France y no a nuestra también hermosa catedral de la Merced de Guayaquil.
¡Un fuerte abrazo y mis felicitaciones!
Estimado Walter, muchas gracias por tu atento comentario. ¡Un abrazo!
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