Saltar al contenido
Menú
Cronóstatos
  • About
Cronóstatos

El encanto atemporal del álbum del Mundial

Publicada el 21/05/202622/05/2026

Por Vicente Adum Gilbert.

Revisar las páginas de un álbum Panini del mundial de fútbol es un verdadero deleite, aquella experiencia multisensorial de lo nuevo:  la portada, los diseños de las páginas, los colores, el olor del papel, los nombres de los equipos participantes, la sección de historia de los mundiales.  Luego, abres con ilusión desbordada los primeros sobres de figuras hasta que logras acumular una cantidad respetable de cromos.  Dentro de este primer grupo aparecen varias figuras de Alemania, Irak, Bélgica, Marruecos, Canadá, y tres jugadores de Argentina, entre ellos, el mejor del mundo.   En una combinación extraña entre ansiedad y emoción, empiezas a desprender los stickers autoadhesivos para colocarlos en el álbum, dejando intencionalmente al más grande para el final, como queriendo ganar práctica.   Así, el orden con que los pegas en el álbum es: Giusti, Ruggieri y Maradona…

Estamos a finales de abril de 1986.  En pocos días empezará el mundial de fútbol en México, la tierra de los aztecas, del Chavo del Ocho, de Cepillín y de la bella Lucerito.  Como siempre, Ecuador no consta entre las naciones participantes.  Se ha vuelto normal entre los ecuatorianos asociar la eterna ausencia del país en las citas mundialistas con el atraso cultural, la corrupción o la viveza criolla.  Así, ante cualquier acto indebido de tal naturaleza, sale siempre a relucir aquel complejo de inferioridad por medio de la frase “¡Por esto es que Ecuador jamás clasificará a un mundial!”.

El álbum del mundial —nadie lo llamaba “álbum Panini” en ese entonces— es la distracción de moda entre los niños de edad escolar y colegial.  Se ve muy moderno en comparación al estándar de los álbumes de la época, que requerían la utilización de goma para pegar los cromos en los folletos (con la honrosa excepción del de He-man, que había salido el año anterior).  

En la portada, que es un diseño modificado específicamente para Ecuador —ya que lleva impresa una publicidad de Supermaxi— aparece la leyenda “el álbum del mundial FUTBOL 86” y destaca la figura de un jugador con una indumentaria similar a la de la selección mexicana haciendo una tijera que quedará irremediablemente asociada en la memoria de muchos con el acrobático gol que, pocos días después, marcaría Manuel Negrete en el partido ante Bulgaria.  

Pocos saben que la versión del álbum del mundial de 1986 para el mercado ecuatoriano fue editada en Colombia por Épsilon Editores S.A., y que el diseño de su portada es muy similar al de la versión colombiana (excluyendo, obviamente, la publicidad previamente mencionada).  Pero son menos los que conocen que estas portadas difieren significativamente de la versión internacional, que mostraba como figura central a Pique, la mascota del mundial, rodeado de un collage de banderas de las naciones participantes. 

Tal vez como una manera simbólica de rendir homenaje a la historia de los mundiales, el primer espacio en el álbum corresponde al cromo del afiche del primer campeonato mundial de “football”[1], jugado en Uruguay en 1930; y junto a este, las figuras de los afiches de todos los campeonatos mundiales jugados hasta ese entonces.  Esta es, sin duda, una de mis páginas favoritas, junto con la de los estadios y ciudades sedes, donde destaca, imponente, la arquitectura del Azteca 2000, con capacidad para ciento diez mil espectadores.

Los niños piden a sus padres que les compren los sobres —que contenían cinco figuritas autoadhesivas— a la salida de los colegios, o en las visitas al supermercado.   ¡Nunca antes habían tenido los chicos tanto interés por ir al Supermaxi!  Los intercambios de cromos se dan durante los recreos escolares, en los barrios o en las visitas a las casas de los primos, mientras desde lejos, los adultos solo alcanzan a escuchar el hipnótico canturrear del “Ya la…, ya la…, si la…, ¡No la…!”.  Cuando ya quedan pocos espacios para completar la colección, los cromos difíciles se consiguen, como siempre, afuera del Tía del centro.  

En el álbum registro cuidadosamente con una pluma los resultados de la etapa de grupos y de las fases finales.  Ante la decepción del Brasil eliminado en penales por Francia, Argentina y su estrella ilusionan a todos los sudamericanos.  Luego de mucho esfuerzo y dedicación, coloco el último cromo de mi álbum.  Argentina derrota a Bélgica en la semifinal con dos goles de Maradona.  ¡La final se jugará en el Azteca contra Alemania! El partido, que está empatado a dos tantos, lo vemos en un televisor a colores que mi abuela colocó en la sala de su casa de la Kennedy para la ocasión… en el minuto 84, rodeado entre tres teutones, el Diego se inventa un pase milimétrico entre líneas para Burruchaga, “Burruchaga, Burruchaga, Burruchaga… ¡Goooool!”. “En este día, 29 de junio de 1986, Diego Armando Maradona alcanzó la cumbre y logró la inmortalidad”[2]: ¡Argentina es campeón del mundo! Hay abrazos y lágrimas en la casa de mi abuela. Horas después, cierro mi maltrecho álbum lleno del mundial 86 y, con el corazón henchido, lo guardo cuidadosamente entre mis tesoros… tanto en la repisa de mi cuarto como en la del alma.

No me di cuenta en qué momento transcurrieron cuarenta años.  Estamos en mayo de 2026, a pocos días de iniciar el mundial de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá.  Ecuador es ahora una presencia regular en los mundiales, pero a pesar de ello, seguimos casi tan tercermundistas que antes —aunque ahora nos sintamos con cierta superioridad futbolística por nuestra selección—.  Cuando lanzaron la preventa del álbum Panini llegué a pensar que yo sería uno de los pocos adultos nostálgicos o lo suficientemente locos que estarían interesados en tomarse la molestia de hacer el álbum del mundial.   Pocos días después descubrí con agrado que estaba equivocado:  las redes sociales hierven por el fenómeno generado por el álbum del mundial, mientras personas de todas las edades y condiciones sociales, hombres y mujeres, padres e hijos, e incluso abuelos, utilizan aplicaciones en teléfonos inteligentes para registrar los cromos repetidos y faltantes; al tiempo que otros, un poco más a la vieja usanza, se reúnen en lugares públicos como el Mall de Sol u otros centros comerciales para intercambiar cromos de manera presencial.

Mi esposa y mi hija, acostumbradas a mirarse una serie completa de diez capítulos en Netflix de un solo golpe, me “marcan a presión” para comprar el álbum y los sobres de cromos lo más pronto posible.  Para mi ritmo de programación televisiva analógica ochentera en canales nacionales, no hay apuro: el álbum es una bebida que debe disfrutarse por sorbos, y no a tragos largos, como si fuera una competencia de velocidad.  Sin embargo, finalmente me convencen para adquirirlos pronto, aunque en realidad, me terminarían ahorrando el viaje a la tienda, al traer consigo el álbum y los sobres a la casa tras mi respuesta positiva y obvia ante la pregunta transmitida por mensaje de audio de WhatsApp: “¿Pasta dura o pasta blanda?”.

Así, mi esposa, mi hija y yo, nos deleitamos al revisar por primera vez las páginas del álbum Panini del mundial del fútbol:  la portada, los diseños de las páginas, los colores, el olor del papel…  Luego, abrimos con ilusión desbordada los primeros sobres de figuras. Dentro de este primer grupo de sobres aparecen varias figuras de Alemania, Irak, Bélgica, Marruecos, Canadá, y tres jugadores de Argentina, entre ellos, el mejor de la historia.   Me conceden el privilegio de colocar los primeros cromos.  En una combinación extraña entre ansiedad y emoción, empiezo a desprender los stickers autoadhesivos para pegarlos en el álbum, empezando por los de Argentina, siguiendo este orden:  Martínez, Álvarez y Messi…

Es claro para mí que el álbum del mundial ya no es un simple objeto de colección infantil.  Es un puente intergeneracional, construido con papel y unido por las experiencias compartidas y transmitidas entre padres e hijos.  Es un nexo que vincula al Ecuador que soñaba con llegar algún día al mundial y el que ya no sabe lo que significa quedarse fuera de él, a pesar de que arrastremos todavía una parte de nuestros complejos.  Es una instancia en la que conviven pacíficamente el mundo cálido y analógico del vínculo humano con la practicidad de la vida digital expresada en intercambios aplicativos.

Cuarenta años después, si bien el mundo y fútbol han cambiado, el encanto del álbum del mundial permanece intacto: esa indescriptible magia plasmada en adhesivas que nos permite, por unas semanas, sentir que todos pertenecemos a algo más grande, que el tiempo no pasa del todo y que sí podemos ilusionarnos con que, al igual que Argentina en 1986 y 2022, este “Ecuador del alma”[3] pueda algún día alcanzar aquel sitial reservado solo para los inmortales del fútbol.  ¡Soñar no cuesta nada!


[1] Así está escrito en el afiche.

[2] Frase textual de la película Héroes.

[3] Frase del periodista ecuatoriano Roberto Bonafont.

Figura #1: Comparativa entre las páginas de la selección Argentina en los álbumes Panini de 1986 (abajo) y 2026 (arriba).

Figura #2: Los cromos Panini de los indiscutibles mejores jugadores del mundo en 1986 y 2026.

Figura #3: Ecuador es ahora una presencia regular en los mundiales FIFA. Página de la selección ecuatoriana en el álbum Panini del mundial 2026.

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entradas recientes

  • El encanto atemporal del álbum del Mundial
  • El álbum de Condorito: cromos difíciles y nostalgias fáciles.
  • La primera tragedia ferroviaria del Ecuador
  • ¿Cómo llama la cuenta?
  • Los pilotos muertos

Comentarios recientes

  • Vicente Adum Gilbert en Héroes de la Patria: el álbum de cromos ecuatoriano más importante de los 80.
  • Antonio Vergara en El álbum de Condorito: cromos difíciles y nostalgias fáciles.
  • Vicente Adum Gilbert en El álbum de Condorito: cromos difíciles y nostalgias fáciles.
  • JOSE MORA LOZANO en El álbum de Condorito: cromos difíciles y nostalgias fáciles.
  • César Llaguno en ¿Cómo llama la cuenta?

Archivos

  • mayo 2026
  • abril 2026
  • enero 2026
  • diciembre 2025
  • septiembre 2025
  • julio 2025
  • mayo 2025
  • septiembre 2024
  • junio 2024
  • marzo 2024
  • febrero 2024
  • octubre 2023
  • agosto 2023
  • julio 2023
  • junio 2022
  • mayo 2022
  • diciembre 2021
  • noviembre 2021
  • octubre 2021
  • septiembre 2021
  • agosto 2021
  • julio 2021
  • junio 2021

Categorías

  • Arqueología televisiva
  • Arqueología urbana
  • Aviación
  • Ciencia
  • Crónica
  • Guayaquil
  • Historia
  • Locomotoras Ecuador
  • Relatos
  • Retrogaming
  • Retrotecnología
  • Uncategorized

Meta

  • Acceder
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.org
©2026 Cronóstatos | Funciona con SuperbThemes y WordPress